¿Y cómo se vive una Cuaresma desde la espiritualidad eudista?

¿Y cómo se vive una Cuaresma desde la espiritualidad eudista?

Por: P. Hermes Flórez, cjm

La Iglesia profundiza durante este tiempo de Cuaresma sobre los diversos misterios de Nuestro Señor Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Especialmente lo hace con la mirada puesta en la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, cuando el Verbo encarnado “por nosotros y por nuestra salvación” (Qui propter nos hómines et propter nostram salútem) fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos y resucitó al tercer día. Reflexionemos brevemente sobre esto desde nuestra espiritualidad eudista.

San Juan Eudes nos ofrece diversas maneras para prepararnos y meditar este tiempo de Cuaresma. Una de ellas, que nos haría mucho bien, es recitar la Elevación a Jesús (Manual para uso de una comunidad eclesiástica, O.C. III, 386-388), donde nos sugiere varias disposiciones para vivir este tiempo de “gracia y de bendición especial”. Sin embargo, sus consejos también incluyen propuestas para cada semana: en la primera semana, la penitencia de nuestro Señor; en la segunda, las privaciones interiores y exteriores de nuestro Señor; en la tercera, las mortificaciones interiores y exteriores de nuestro Señor; en la cuarta, los sufrimientos interiores de nuestro Señor; en la quinta, los sufrimientos exteriores de nuestro Señor. Como se puede deducir, todo centrado en los misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, clave de lectura de la espiritualidad eudesiana y, por tanto, eudista.

De la imitación a la participación en los misterios del Señor Jesucristo en Cuaresma

La dificultad que se puede encontrar en estas prácticas señaladas consiste en considerarlas como aspectos externos: temas cuaresmales sobre estas cuestiones, retiros para acentuar alguna realidad, vídeos para vivir la cuaresma con san Juan Eudes, imágenes con bellas frases sobre nuestra espiritualidad y un largo etcétera. Todas estas iniciativas, por supuesto, ayudan a crear un ambiente en torno a este tiempo especial. Pero la espiritualidad eudista no se conforma con la práctica exterior, que sería el resultado de algo más profundo: el punto es la participación en estos misterios. El Superior de los Eudistas lo dice mejor: “lo que contemplo en la fe no es una idea, sino una realidad espiritual que tiene la capacidad de alcanzarme y afectar la totalidad de mi ser personal” (Amouriaux, J.M., en Eudistas 28, p. 129).

De esta manera, la espiritualidad eudista viene en ayuda de los cristianos para recordarles una vez más que verdaderamente estamos participando en los misterios sucedidos “en tiempos de Poncio Pilato”. Esto porque son los misterios de una persona de la Trinidad, del Verbo Encarnado, en quien lo histórico realmente es transhistórico, como bellamente lo expresa el padre Álvaro Duarte: “la trascendencia y la gloria de Dios convergen y pasan a través de aconteceres que podrían aparecer como meramente anodinos o banales (por ejemplo la vida de Nazaret, la huida a Egipto), pero que contienen dentro de sí el amor poderoso del Verbo hacia Dios” (Duarte, A., Jesucristo glorificador, 104). Por tanto, estos misterios nos alcanzan a nosotros, que somos Cuerpo místico de Cristo.

 

Finalmente, participamos en cuanto miembros del Cuerpo místico de Cristo

Detrás de estas breves líneas nos anima una visión donde la Iglesia es vivida como el Cuerpo místico de Cristo, llamada a formar a Jesús en todo lo que realiza. El año litúrgico es esta ocasión, pues por la contemplación de los misterios de Jesús a lo largo del año, el Señor va tomando forma en nosotros y de esta manera entramos a participar de su vida divina, de la vida de la Trinidad.

Pero evidentemente que es necesaria la convicción de ser parte del Cuerpo místico de Cristo, donde estos misterios aún no han llegado a su plenitud, sino hasta que participemos definitivamente y para siempre en la vida de Dios. Estamos seguros de que pensar de una manera más “experiencial” o “vivencial” estos misterios pascuales y toda la vida de Jesús fortalecerá el hombre interior que nos habita y que es principio fundamental para intervenir en una realidad tan convulsionada como la que vivimos hoy en nuestro mundo. Por eso es importante el silencio, la penitencia y otras disposiciones que san Juan Eudes nos recuerda en dicha Elevación a Jesús, pues por ellas puede entrarse en el interior del misterio.

María, la primera creatura que ha participado de estos misterios nos ayude e interceda por nosotros en la “dulce conversación” que nos acompañe estos días.

 

 

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