Hoy 25 de febrero la Congregación Jesús y María recuerda con gran aprecio la pascua de una mujer que influyó en la vida de San Juan Eudes. 

María Des Vallés nació el 15 de febrero de 1590, en Saint Sauver, Lendelin  y murió en 1656 en Coutances. Esta mujer vivió en un ambiente de corrupción, desamparo a los pobres, miseria y prácticas ocultas. María fue una mística incomprendida de su tiempo, muchas personas consideraban que ella estaba fuera de sus cabales.

Cuando María conoció a San Juan Eudes, ella padecía de innumerables dificultades y situaciones complejas. Su encuentro se da en Coutances, lugar donde San Juan Eudes llega a misionar y durante su estadía, varios curas le hablaron de la hermana María, suceso que llevó a que el Sacerdote francés fuera a visitarla. 

Desde ese momento, María se fue convirtiendo en consejera y compañera de las obras que emprendió San Juan Eudes. Tiempo después, la Sierva de Dios le confirmó a Eudes un pensamiento que tenía desde algún tiempo atrás, la fundación de una congregación: «El establecimiento proyectado es muy agradable al Señor. Él levantará la comunidad sobre tres fundamentos: la gracia se dará a todos los que entren en ella, la divina voluntad y la cruz».  A partir de esto, nace la Congregación de Jesús y María y la Orden de Nuestra Señora de la Caridad.

“La verdadera devoción consiste en darse enteramente y de todo corazón a Dios para que haga en nosotros todo cuanto le plazca. Es injusticia grande privar a Dios de la libertad que debe tener de disponer de su criatura en la forma según su beneplácito. Nos dio la libertad para hacer lo que queramos ¿no es razonable también que él tenga libertad entera y absoluta de hacer de nosotros lo que quiere? Quienes le sirven para que les dé su paraíso o para que los libre del infierno o les dé gracias y consolaciones le quitan esa libertad”. Afirma María Des Vallés.

Recordamos unas palabras expresadas por San Juan Eudes tras el fallecimiento de la Sierva del Señor:   

«Ha querido Dios quitarnos lo que más amábamos en el mundo, que era nuestra hermana María. La he confesado tres veces en estos ocho días, he rebuscado y examinado toda su vida y puedo asegurar con toda verdad que no he hallado pecado venial en toda su vida».

Por: Dayanne Asprilla Sanchez y Ángela Espinosa Mejía 

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