Lo que empezó en 1971 con un grupo de jóvenes y una casa prestada, hoy es la casa de formación más grande de la Congregación en el mundo.

¿Y si Dios me está llamando? Esa fue la pregunta que un grupo de jóvenes se hizo hace más de cuarenta años, y de esa pregunta, sin edificio propio ni certezas, nació lo que hoy es la Casa de Formación La Misión. Este 29 de julio, la Provincia Eudista Minuto de Dios celebra los 40 años,  de la casa que hoy forma a la mayor cantidad de candidatos al sacerdocio de toda la Congregación de Jesús y María, y que sigue respondiendo, generación tras generación, a ese mismo llamado que la vio nacer.

Todo comenzó en 1971, cuando el padre Diego Jaramillo quiso intentar algo distinto, y en lugar de formar sacerdotes en las grandes estructuras de un seminario tradicional, decidió hacerlo en la vida compartida, en el corazón del barrio, cerca de la gente. «Se vinieron a vivir aquí conmigo varios seminaristas que querían una experiencia de formación, pero no en el ámbito grande del seminario, sino en una pequeña comunidad, vine con siete jóvenes», recuerda hoy, y aquella intuición fue creciendo en silencio durante más de una década, en casas que llevaban nombres tomados del Evangelio.

El punto de quiebre llegó en 1981, cuando una carta cruzó el océano, escrita desde Francia por un joven que sentía algo más fuerte que su carrera. «El día 2 de septiembre del año 81 golpeé en la puerta del padre Diego y le dije: aquí estoy, yo sentía la vocación de ser sacerdote carismático en el Minuto de Dios», narra el padre Camilo Bernal, quien años más tarde llegaría a ser Superior General de la Congregación, y que aquella tarde apenas era un muchacho que había dejado todo para responder.

No estaba solo, porque otros jóvenes vivían la misma búsqueda, atraídos por la Renovación Católica Carismática y por el compromiso con los más pobres, como el padre Raúl Téllez, que venía de Tunja y llegó casi por casualidad, sin imaginar que se quedaría. «Yo dije: este es mi lugar, porque aquí hay evangelización, aquí hay compromiso con los pobres, fui recibido con gran alegría», relata, y en aquella primera convivencia sobre discipulado estaban también quienes hoy son los padres Jairo Gallego, Óscar González y tantos otros pioneros de una experiencia que apenas comenzaba a tomar forma.

Aquellas casas necesitaban un nombre, pero uno que respirara esas raíces más hondas del carisma eudista. «Para evocar el Evangelio les dimos nombres bíblicos, Belén, Nazaret, Sión, y Misión era el nombre que san Juan Eudes le dio a sus casas de formación», explica el padre Diego, y así, tres siglos después, el nombre del fundador de los Eudistas volvía a nombrar una casa donde se formaban sacerdotes. Aquella experiencia que había nacido casi en secreto fue madurando hasta constituirse jurídicamente, hace ahora 40 años, como casa oficial de formación de la Provincia, sostenida sobre tres pilares que, como precisa el padre Camilo, siguen siendo su raíz

El padre Camilo insiste en que ese amor por los más pobres no es un rasgo opcional de la formación, sino su condición más honda, «en el Minuto de Dios el contacto con el pobre es una condición sine qua non, sin la cual no podemos vivir, y yo invitaría a que todos los candidatos tuviéramos esa comprensión y ese amor al pobre». Una convicción que hunde sus raíces en el Evangelio y en el testimonio del siervo de Dios Rafael García Herreros, «toda nuestra vida gira en torno a encontrar soluciones para que la gente más pobre mantenga y exprese su dignidad humana, donde realmente busquemos el bien común, se exprese la solidaridad, la fraternidad, y tengamos un país más justo, reconciliado, fraterno y en paz».

Cuarenta años después, algo de aquel espíritu de los primeros días permanece intacto, y así lo describe el padre Helio Hernández, actual rector de la Casa, para quien «la formación no se da únicamente en las aulas ni en grandes estructuras, sino en la vida compartida, el modelo de pequeñas comunidades, koinonía, ha permitido una formación cercana, cotidiana y profundamente humana». Lo que más lo conmueve, confiesa, son los jóvenes que hoy llegan a la casa, «me da esperanza ver la autenticidad en ellos, no llegan perfectos, y eso es bueno reconocerlo, llegan con su historia, con heridas, pero también con ese deseo sincero de dejarse formar».

Para el padre Germán Gándara, cjm Superior Provincial, esta casa es «también el corazón de la provincia», y al leer estos 40 años a la luz del número bíblico que evoca tanto la totalidad de una vida entregada como el umbral de algo nuevo, ofrece una imagen que resume el sentido de la celebración, «estos 40 años han sido un peregrinaje a esa tierra prometida que es el Minuto de Dios, a esa tierra prometida que hay que sembrar, que es Colombia, la casa de formación es posibilidad para Colombia».

Hoy es la casa de formación más grande de la Congregación de Jesús y María y su propósito sigue siendo hacer vivir y reinar a Jesús en los corazones de los fieles, como también lo es, formar pastores según el corazón de Dios

Te invitamos a acompañar con tu oración a los jóvenes que hoy responden a ese mismo llamado, y a estar atento, porque muy pronto compartiremos el documental conmemorativo de estos 40 años de historia.