Por: Rafael Beltrán, candidato eudista
En el marco de la solemnidad de la Anunciación del Señor, el pasado 25 de marzo, fecha en la que la Congregación de Jesús y María celebró sus 383 años de fundación, la Provincia Eudista Minuto de Dios vivió un momento significativo en su presencia misionera en el Perú: la instalación del primer Superior Local de la comunidad Jesús Buen Pastor en Lima.
Durante una celebración marcada por la acción de gracias y el sentido de Iglesia, fue instalado el padre Guillermo Acero, CJM, como primer Superior Local de esta nueva comunidad, erigida como espacio de vida fraterna, formación y misión en el contexto del Seminario Mayor Santo Toribio de Mogrovejo, de la Arquidiócesis de Lima, el cual ha sido encomendado a la dirección de los sacerdotes de la Provincia Eudista Minuto de Dios.
El gesto de la instalación, acompañado por la profesión de fe y la firma del acta correspondiente, representa un paso importante en la consolidación de la presencia eudista en la Iglesia de Lima, especialmente en el ámbito de la formación sacerdotal, donde el carisma de san Juan Eudes continúa sirviendo a la Iglesia en la formación de pastores según el corazón de Cristo.
La nueva comunidad local Jesús Buen Pastor se configura así como una comunidad formativa, en la que los sacerdotes eudistas, en comunión con la Iglesia local, acompañan procesos de discernimiento, formación y vida espiritual de los futuros sacerdotes, aportando la riqueza de la espiritualidad eudista centrada en los Corazones de Jesús y María.
La celebración contó con la presencia de hermanos eudistas de la comunidad Santa Rosa de Lima, así como de formadores del seminario, en un ambiente de fraternidad, cercanía y comunión, signos visibles de una Iglesia que camina unida en la misión.
Este momento, vivido en una fecha tan significativa para la Congregación, renueva el compromiso misionero de la Provincia Eudista Minuto de Dios en el contexto internacional, fortaleciendo su servicio a la Iglesia y su fidelidad al carisma fundacional.
Que María, en cuyo “sí” contemplamos el inicio de toda misión, siga acompañando este nuevo camino, y que, como nos invita san Juan Eudes, podamos “dedicar lo que nos queda de vida al servicio de nuestro buen Maestro”.

























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