Oración Eudista

Oración Eudista

ORACIÓN EUDISTA COMPARTIDA

(preparada por los asociados amigos y colaboradores eudistas – AACE – de Benín)
19 de junio de 2020

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Hermanos y hermanas incorporados, candidatos, asociados, amigos, colaboradores y simpatizantes eudistas, reciben de parte de sus hermanos en Benín, el saludo fraterno en Jesús y María, y la invitación a hacer un itinerario con San Juan Eudes, en Cristo, cuyo Sagrado corazón celebramos en este período cuando el mundo está lacerado por la pandemia del corona-virus (COVID-19). Que la gracia de Dios nos mantenga sanos y salvos en el amor de Cristo.

Celebración Penitencial

Después de un momento de silencio comenzamos la celebración penitencial:

  • Señor, concédenos tu perdón

Hemos pecado contra Ti.

  • Muéstranos tu misericordia

Y seremos salvos.

  • Que Dios Todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Amén

Luego decir juntos la siguiente oración eudista de contrición (O.C. I, 134):

¡Oh buen Jesús!, deseo tener toda la contrición y el arrepentimiento por mis pecados, que deseas que tenga; pero sabes que no puedo, a menos que Tú me los des. Entonces dámelos, por favor, mi Salvador, por tu gran misericordia. Sé muy bien que no soy digno de que me mires y me escuches; pero confío en tu infinita bondad, que me concederás lo que te pido encarecidamente, por los méritos de tu santa Pasión, de tu Santa Madre, de todos tus ángeles y todos tus santos. Oh Madre de Jesús, oh santos ángeles, oh benditos santos, rueguen a Jesús por mí para que me dé la contrición y el arrepentimiento perfecto por mis pecados. Amén.

Su título va aquí

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Meditación para la Fiesta del Corazón Divino

(Tercera meditación, O.C. VIII, 311-215)

Admiramos y adoramos la bondad incomprensible de nuestro amable Redentor, por habernos dado esta santa fiesta. Porque es una gracia extraordinaria que nos ha concedido. Para conocerlo bien, es necesario saber que todas las fiestas litúrgicas que la Iglesia celebra en el año son fuente de gracias y bendiciones.

Pero esta es un mar de gracia y santidad porque es la fiesta del Santísimo Corazón de Jesús, que es un inmenso océano de innumerables gracias. Esta es la fiesta de las fiestas, en cierto modo, especialmente porque es la fiesta del admirable Corazón de Jesús, que es el principio de todos los misterios contenidos en las otras fiestas que tienen lugar en la Iglesia, y la fuente de todo lo que es grande, santo y venerable en esas otras fiestas.

Por lo tanto, nos corresponde a nosotros dar infinitas gracias a este buen Salvador, e invitar a todos los ángeles y a todos los santos, a la santísima Virgen y a todas las criaturas a alabar, bendecir y glorificar con nosotros a Dios por este favor inconcebible.

También debemos prepararnos para recibir las gracias que Él quiere comunicarnos en esta maravillosa solemnidad, asumiendo la firme decisión de no omitir nada de lo que podemos hacer, sino poner todo nuestro cuidado y todos nuestros afectos y todos los medios posibles para celebrarla con dignidad y santidad durante los días de su octava.

¿Cuál es la finalidad y la intención por la cual el Rey de los corazones nos ha dado esta fiesta de su amable Corazón? Es para que le respondamos con los deberes que estamos obligados a rendir a este Corazón. ¿Cuáles son estos deberes? Hay cuatro principales:

El primero es adorarlo. Por lo tanto, adorémoslo con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas; porque es infinitamente digno de adoración, ya que es el Corazón de un Dios, del único Hijo de Dios y de un Hombre-Dios. Adorémoslo en nombre de todas las criaturas que deberían adorarlo. Ofrezcámosle toda la adoración que le ha sido dada y que le será dada para siempre en la tierra y en el cielo.

¡Oh, mi Salvador, que todo el universo se convierta en adoración ante tu divino Corazón! ¡Oh, cuán voluntariamente consentiría, con tu gracia, en ser aniquilado

ahora y por siempre, para que el Corazón de mi Jesús sea adorado incesantemente por todo el universo!

El segundo deber es alabar, bendecir, glorificar y agradecer a este Corazón infinitamente generoso, por todo el amor que dio y dará por siempre al Padre eterno, a su Santísima Madre, a todos los ángeles, a todos los santos, a todas las criaturas y a nosotros especialmente; y por todos los regalos, favores y bendiciones que han salido de este inmenso mar de gracias, que se han extendido sobre todas las cosas creadas, y especialmente sobre nosotros. ¡Oh Corazón magnífico de Jesús!, te ofrezco todas las alabanzas, las glorias y la acción de gracias que te han sido y te serán dadas en el cielo y en la tierra, en el tiempo y en la eternidad. ¡Oh, que todos los corazones te alaben y te bendigan para siempre!

El tercer deber es pedirle perdón a este buen Corazón por todos los dolores, penas, angustias y martirio sangriento que sufrió por nuestros pecados; y en reparación, ofrezcámosle todas las alegrías que le han sido dadas por el Padre eterno, por su santa Madre y por todos los corazones que lo aman con fervor y fidelidad; y aceptemos, por amor a Él, todos los problemas, penas y aflicciones que nos sucederán.

El cuarto deber es amar a este Corazón amoroso de manera cordial y ferviente, y amarlo en nombre de todos los que no lo aman, y ofrecerle todo el amor de todos los corazones que le pertenecen. ¡Oh Corazón todo amable y todo amor!, ¿cuándo te amaré cómo debiera? ¡Pobre de mí! Tengo un número infinito de obligaciones para amarte, y puedo decir que todavía no he comenzado a amarte como debo. Por favor ayúdame a comenzar ahora; destruye en mi corazón todo lo que no te gusta, y establece allí perfectamente el reino de tu santo amor.

Responsorio

  • Todo me lo confió mi Padre y tanto amó el Padre al mundo que le dio a su Hijo unigénito.

R / Por eso todo te pertenece.

  • Entonces, denme su corazón, pequeños míos, y yo les daré mi Corazón.

R / Por eso todo te pertenece.

Oración de Intercesión
En unión con todos los incorporados, asociados, amigos, colaboradores y simpatizantes eudistas de todo el mundo, elevemos nuestras voces a Dios Padre y confiemos a Él la Iglesia, la Congregación y nuestra misión.

R / Sagrado Corazón de Jesucristo, reúnenos en tu amor.

Jesús, cuando entraste al mundo, dijiste: «Aquí estoy mi Dios, para hacer tu voluntad»;

  • Concédele a tu Iglesia vivir esta voluntad del Padre, con un gran corazón y generosamente.

Señor, en tu oración, quieres asociarnos a la contemplación de la gloria del Padre;

  • Danos tu Corazón y ven y reza a tu Padre en nosotros.

¡Oh Jesús!, tu amor por nosotros te condujo al despojo de la Cruz;

  • Enséñanos a amarte con un corazón realmente

Jesús, querías en tu corazón reunir todo el universo y unirlo con el Padre;

  • Concédenos vivir en ti en el corazón del mundo, hoy plagado por el corona-virus.

Señor, eres la unidad de aquellos que aceptan tu amor;

  • Concede a nuestras comunidades tener en Ti un solo corazón y una sola.

Luego sigue un breve momento de silencio…

PADRE NUESTRO

Padre nuestro…

ORACIÓN FINAL

Señor Dios, Padre de misericordia, en tu bondad sin medida nos has dado el Corazón amoroso de tu amado Hijo. Concede que nuestros corazones se unan estrechamente entre sí y con Él, para que nuestro amor por Ti sea perfecto.

Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor y nuestro Dios, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, ahora y por los siglos de los siglos, amén.

Finalmente, recitamos juntos el Ave Cor

AVE COR

Alégrate, Corazón santo Alégrate, Corazón manso

Alégrate, Corazón humilde Alégrate, Corazón puro Alégrate, Corazón ferviente Alégrate, Corazón sabio Alégrate, Corazón paciente Alégrate, Corazón obediente Alégrate, Corazón solícito Alégrate, Corazón fiel

Alégrate, Corazón fuente de toda felicidad Alégrate, Corazón misericordioso.

Alégrate, Corazón, lleno de amor, de Jesús y de María.

Te adoramos, te alabamos,

te glorificamos, te damos gracias.

Te amamos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma,

con todas nuestras fuerzas.

Te ofrecemos nuestro corazón, te lo entregamos,

te lo consagramos, te lo inmolamos.

Acéptalo y poséelo plenamente, purifícalo, ilumínalo y santifícalo, para que en él vivas y reines, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Amén

 

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