Con motivo de la fiesta de la Virgen del Carmen el 16 de julio de 1946, en la bahía de Cartagena se realizó una bella procesión.

En el sermón de clausura, el Padre Rafael García Herreros, desde los balcones de la Actual Alcaldía Municipal, cerca de la Plaza de la Inquisición, lanzó la idea de erigir en plena bahía una colosal imagen de Nuestra Señora la Virgen del Mar.

El padre García Herreros imaginaba una gigantesca imagen de Nuestra Señora, cuya cabeza se perdiera en las nubes cuando estas estuvieran bajas. A los pies de la imagen tenía que quedar el altar para que los sacerdotes de Colombia celebrarán la Santa Eucaristía.

La imagen de mármol con 15 metros de altura, fue pintada por el gran escultor colombiano Marcos Mariño; Su construcción fue patrocinada por grupos de cartageneros hace treinta años, y ahora la Alcaldía de Cartagena la ha colocado en la mitad de la bahía.

Sin duda alguna esta es la imagen más bella de Nuestra Señora en Colombia y posiblemente en América Latina. 

En una bellísima procesión de la Virgen en la bahía de Cartagena, centenares de veleros que se acercaban a la imagen que emerge en la mitad de la bahía, el Siervo de Dios dijo desde la cubierta de una lancha: «Ser devotos de la Virgen del Carmen, es imitarla en su amor por Cristo, en la seria virtud de la vida, y es tener confianza en la protección de Nuestra Señora». 

En medio de su discurso agregó: «Ser carmelitano es estar invitado a una vida de estricto seguimiento de Cristo. Es ser conducido a experimentar la belleza y la sublimidad de la vida mística, de experiencias religiosas, como las practicaron los grandes devotos de la Virgen del Carmen: Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, es intentar la subida al Monte Carmelo, es entrar en las moradas que conducen a la perfección».

En una procesión en la que asistió el Padre García Herreros manifestó las siguientes líneas: 

“Ayer estuve en la bellísima procesión de la Virgen del Carmen, en la bahía de Cartagena, tachonada de centenares de veleros que se acercaban a la imagen que emerge preciosamente en mitad de la bahía.

Esta imagen de mármol, pintada por el gran escultor colombiano Marcos Mariño, y cuya construcción y financiación conseguimos con un grupo de cartageneros hace treinta años, y que ahora la Alcaldía de Cartagena ha colocado en la mitad de la bahía, es sin duda alguna la imagen más bella de Nuestra Señora en Colombia y posiblemente en América Latina.

Yo les dije desde la cubierta de una lancha, donde se congregaron el alcalde y los altos mandos de la Armada Colombiana, que ser devotos de la Virgen del Carmen es imitarla en su amor a Cristo, en la seria virtud de la vida, y es tener confianza en la protección de Nuestra Señora.

La devoción a la Virgen es una existencia al mismo tiempo seria y llena de ternura. Es la invitación a marchar hacia la subida al Monte Carmelo, hacia la perfección de la vida, hacia la intimidad con Dios.

Ser verdadero devoto de la Virgen del Carmen es, posiblemente, muy distinto de la actitud que se ha implantado entre los que llevan el escapulario en Colombia y en América Latina. Se pensaba que los devotos de la Virgen del Carmen tenían segura la salvación, únicamente por llevar su escapulario. Eso es falso.

Ser carmelitano es estar invitado a una vida de estricto seguimiento de Cristo. Es ser conducido a experimentar la belleza y la sublimidad de la vida mística, de experiencias religiosas, como la practicaron los grandes devotos de la Virgen del Carmen: santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Es intentar la subida al Monte Carmelo. Es entrar en las moradas que conducen a la perfección.

Esto es muy distinto de creer que con el escapulario del Carmen podemos tomar las armas de la guerrilla, impunemente, podemos cometer toda clase de infracciones al tránsito y emprender velocidades absurdas en los carros, y ser salvos gratuitamente, porque llevamos la imagen de la Virgen del Carmen.

Yo os aconsejo este rito para la hora de morir: tener en el pecho el escapulario del Carmen, en las manos un Cristo, y la cadena del rosario que nos amarra a la Virgen. Y, si sois ricos, tener a lo lejos una o dos o tres casas regaladas a los pobres”. (Padre Rafael García Herreros)

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