De Francisco a León: el «hilo rojo» entre dos pontificados

De Francisco a León: el «hilo rojo» entre dos pontificados

Por: P. Hermes Flórez. cjm 

He leído gustosamente el libro «Da Francesco a Leone», del sacerdote jesuita Antonio Spadaro, cuyo propósito me parece que es ofrecer algunas claves de lectura en este momento coyuntural de la Iglesia, donde a los doce fructíferos años de pontificado de Francisco le sucede el papa León, una sucesión apostólica que dará también mucho bien a la Iglesia. Quiero compartir mis impresiones personales a la luz de este libro y después de más de cien días de pontificado del Papa de la «paz desarmada y desarmante», pues muchos aún podríamos preguntarnos por ese «filo rosso» entre la continuidad y la novedad.

La primera impresión que me ha generado es la convicción -como debería ser – de que la Iglesia es conducida en todo por el Espíritu Santo. Por tanto, el mismo Señor es quien nos ayuda a entender que la Iglesia es un organismo vivo y no puede ser reducida a categorías de «progresistas» y «tradicionalistas». Esta lamentable realidad en la que hemos caído no pocos católicos ha suscitado la visión de una Iglesia casi a la manera de la lucha de dos partidos políticos que se dividen el poder, entre los de derecha y los de izquierda. Por ejemplo, en estos días muchos han salido a alabar como sana doctrina de León la oposición a la adoración de la naturaleza, dado que creían que en el pontificado anterior -tildado de doctrina oscura- no se había tenido esta claridad. Pareciera que aquella convicción de ser creaturas y de cuidar la casa común que Dios nos ha dado no fuera lo suficientemente asegurada en la doctrina cristiana de siempre.

Una segunda impresión, que profundiza lo que acabamos de decir, es la visión de Iglesia que poseen el hijo de san Ignacio y el hijo de san Agustín: Francisco y León respectivamente. De forma extraordinaria Spadaro al final de su libro, como apéndice, nos ofrece dos textos que valdría la pena leer detenidamente. Por una parte, la homilía de Francisco para la santa misa en el inicio del capítulo general de la Orden de San Agustín (28 de agosto de 2013); por otra, la entrevista al cardenal Robert Prevost (7 de agosto de 2024), donde se pueden encontrar elementos de su comprensión del pontificado de Francisco y de la Iglesia.

En efecto, Francisco nos ha hablado de una Iglesia en salida que anuncia el Evangelio de Jesucristo, rostro de la misericordia de Dios (lo recuerda en la primera parte el padre Spadaro), cuyo método es el discernimiento y cuyo horizonte es la fraternidad. Es una Iglesia de la escucha paciente y de una Iglesia que se convierte en hospital de campaña para todos. Curiosamente el papa León habla de una Iglesia abierta que promueve una paz desarmada y desarmante (mensaje que al interior de la Iglesia deberíamos tomar muy en serio para evitar aquella tentación de progresistas y tradicionalistas) y que será una categoría importante en su pontificado.

Una tercera impresión de la que no podría dejar de hablar es aquella que aparece en este libro con bastante claridad: el pasaje de testimonio entre Francisco y el papa León desde la categoría de la inquietud. Spadaro considera que esta palabra, «inquietudine» es aquella más apropiada para captar esta herencia. Seguramente la ha tomado de la homilía que Francisco pronunció ante la Orden de San Agustín, donde hablaba de tres inquietudes: la inquietud de la búsqueda espiritual, la inquietud del encuentro con Dios y la inquietud del amor. El texto de partida de esa homilía fue precisamente el inicio de las Confesiones de san Agustín: «Nos has hecho para ti e inquieto está nuestro corazón hasta que no descanse en Ti» (I, 1,1). Este es el testimonio que revela la manera como el Espíritu conduce a su Iglesia y le da pastores según su Corazón en cada momento de la historia. Pero no se trata de una inquietud entendida en el sentido de incertidumbre, sino una inquietud en el sentido de dejarse interrogar por las «Rerum Novarum» o, mejor, las «Rerum digitalium» que hoy requieren una mirada desde esa sana inquietud en la que se anuncia con caridad y claridad el mensaje cristiano.

Sobre todo, me atrevería a decir que es la inquietud del amor la que abrirá grandes horizontes en el pontificado de León en la que se conecta aquella inquietud de la búsqueda espiritual y del encuentro con Dios, temas, por cierto, en los que la espiritualidad eudista está llamada a decir una palabra.

El Papa saluda a los Eudistas por los 100 años de la canonización de San Juan Eudes

El Papa saluda a los Eudistas por los 100 años de la canonización de San Juan Eudes

El Consejo General de los Eudistas participa en la Audiencia General con el Papa León XIV, en el marco del Centenario de la Canonización de San Juan Eudes

Con inmenso gozo y profunda comunión eclesial, la Congregación de Jesús y María – Eudistas ha participado este miércoles en la Audiencia General presidida por el Santo Padre León XIV, como parte de las celebraciones por el centenario de la canonización de San Juan Eudes, nuestro fundador.

Durante este emotivo encuentro en la Plaza de San Pedro, el Papa saludó en lengua italiana “a los religiosos de la Congregación de Jesús y María – Eudistas, que conmemoran el centenario de la canonización de su fundador”, reconociendo públicamente la misión evangelizadora y formadora de la Congregación en la Iglesia universal.

El Consejo General de la Congregación tuvo la oportunidad de saludar personalmente al Santo Padre, presentándose como “el sucesor de San Juan Eudes junto al sucesor de San Pedro”, en un gesto de comunión, fidelidad y amor a la Iglesia.

Posteriormente, el Consejo Provincial de la Provincia Eudista Minuto de Dios se reunió con la doctora Silvia Correale, postuladora de la causa del Siervo de Dios Rafael García Herreros, CJM, quien compartió con los presentes el proceso actual de la causa de beatificación y canonización del fundador del Minuto de Dios, subrayando los avances, desafíos y signos de esperanza en este camino.

Consejo Provincial con la Dra Silvia C

Este día ha sido para toda la Congregación un momento de gracia, que renueva el compromiso con la misión eudista, fortalece la unidad fraterna y alimenta la esperanza de ver un día elevado a los altares a quien fue sembrador de fe, justicia y dignidad entre los más pobres: el Padre Rafael García Herreros

“El Papa León XIV representa una Iglesia con corazón migrante, misionero y universal”

“El Papa León XIV representa una Iglesia con corazón migrante, misionero y universal”

Entrevista al Padre Guillermo Acero, CJM, desde el Perú

En el marco del reciente inicio del pontificado de León XIV, conversamos con el Padre Guillermo Acero, CJM, rector del Seminario Santo Toribio de Mogrovejo en Lima (Perú), sobre el perfil espiritual, pastoral y humano del nuevo Papa. Desde su experiencia misionera en tierras peruanas, el Padre Guillermo comparte una mirada cercana y profunda sobre el significado de este nuevo pontificado para la Iglesia universal y para América Latina.

¿Cómo influye la diversidad cultural del Papa León XIV —con raíces francesas, italianas, caribeñas y estadounidenses— en su visión pastoral y su cercanía con los migrantes?

Es una mezcla muy interesante. Él no solo ha viajado: lleva en su sangre la experiencia migrante. Quienes participamos de esa historia, entendemos que el mundo entero puede sentirse como patria. León XIV lo refleja en gestos como hablar en español desde el balcón del Vaticano, mencionar Chiclayo, recordar su paso por el Perú. Eso no es un guiño diplomático: es identidad. Él no se pertenece a una sola tierra, sino que ha hecho del mundo su casa y del pueblo de Dios, su familia. Esa amplitud de corazón lo conecta con todos, especialmente con quienes viven el desarraigo y la búsqueda.

¿Qué nos dice su historia misionera en el Perú sobre su visión de Iglesia?

Mucho. Fue enviado desde joven a Chulucanas, una de las zonas más empobrecidas del norte del Perú, y luego a Trujillo y Chiclayo. Allí vivió más de tres décadas. Experimentó de cerca la pobreza, la marginalidad, el abandono del campo. Y eso marcó su sensibilidad. Muchos peruanos lo consideran “uno de los suyos”, no solo porque vivió aquí, sino porque compartió la vida de la gente con sencillez, con ternura, con entrega. Esa experiencia lo ha hecho profundamente latinoamericano, y ha despertado un reconocimiento espontáneo en la Iglesia peruana.

El Papa León XIV pertenece a la Orden de San Agustín. ¿Cómo influye esto en su espiritualidad y en su forma de liderar?

La espiritualidad agustiniana lo ha formado profundamente. Los agustinos tienen una fuerte tradición intelectual, mística y comunitaria. Su lema, “un solo corazón y una sola alma hacia Dios”, se refleja en la centralidad del corazón como símbolo teológico y pastoral. Para nosotros los eudistas, eso es muy significativo, porque también vivimos la espiritualidad del Corazón de Jesús. Además, León XIV fue superior general de su orden, presente en más de 50 países. Esa experiencia le ha dado un conocimiento muy concreto de la Iglesia universal, de sus desafíos y de su diversidad. A diferencia de otros papas recientes, él no solo piensa en clave universal: ha vivido en clave universal.

¿Este perfil misionero del Papa es también un llamado a la Iglesia de hoy?

Totalmente. Su vida y su magisterio son un llamado urgente a recuperar la dimensión misionera como esencia de la identidad cristiana. No se puede ser cristiano sin ser misionero. Lo vimos ya con Pablo VI, con Juan Pablo II —el Papa viajero—, con Benedicto XVI —más reservado, pero con pensamiento global—, y por supuesto con Francisco, cuya obra programática ha sido Evangelii Gaudium. León XIV continúa esta línea, recordándonos que evangelizar no es una tarea más, sino el corazón mismo de la Iglesia.

¿Qué mensaje cree usted que transmite el Papa León XIV a las nuevas generaciones?

El Papa está desafiando especialmente a los jóvenes. Les dice: no se conformen, no se queden en lo mínimo. Ustedes tienen una fuerza interior, una capacidad de amar, de soñar, de transformar el mundo desde el servicio. En una sociedad marcada por el individualismo y la virtualidad, él nos invita a mirar al otro, a salir, a tocar las heridas del mundo, a construir sentido a partir del servicio. Su vida muestra que es posible entregar la existencia entera por amor, y que ese amor es lo único capaz de dar profundidad verdadera a la vida.

¿Qué significado ha tenido para la Iglesia peruana la elección del Papa León XIV, considerando su cercanía con esta tierra?

Al principio, fue una sorpresa. Aunque había sido obispo aquí durante años, muchos no lo asociaban directamente con una eventual elección papal. Pero apenas se anunció su nombre y se escuchó su saludo desde el balcón, la reacción fue inmediata: “¡Es uno de los nuestros!” Empezaron a salir recuerdos, anécdotas, fotos, testimonios. Fue obispo de Chiclayo, habló siempre en español, vivió en comunidades muy humildes, comió nuestra comida, recorrió nuestro país. Todo eso fue generando un vínculo afectivo profundo con el pueblo peruano. Hoy se le reconoce no solo como un Papa cercano, sino como alguien que conoce y ama esta tierra.

¿Qué desafíos plantea su figura para la Iglesia en Perú, especialmente en cuanto a comunión y misión?

Uno de los grandes desafíos es el de la unidad. El Perú tiene una Iglesia con muchas corrientes, estilos, carismas, y también una fuerte influencia en la misión. El Papa León XIV, por su experiencia, es una figura capaz de tender puentes. Ha vivido en medio de esa diversidad y sabe cómo acompañarla. Su elección es una oportunidad providencial para avanzar en el camino de la sinodalidad, del diálogo, de la acogida de la diferencia. Él no viene a uniformar, sino a construir comunión en la diversidad.

Desde su mirada eudista, ¿cómo interpela este Papa a los Eudistas del Minuto de Dios en el Perú?

Nos interpela profundamente. Nos recuerda que nuestro lugar natural es la periferia, que nuestra vocación nace con los pobres y para los pobres. El Papa vivió en las zonas más excluidas del norte peruano. Eso no fue circunstancial: fue formativo. Hoy, como Eudistas del Minuto de Dios, estamos presentes en ciudades como Arequipa y Lima, pero este Papa nos empuja a no olvidar que fuimos llamados para estar donde nadie más quiere ir. Él nos está diciendo: no se queden en la comodidad de lo urbano, escuchen el clamor de las regiones, de los olvidados, de las fronteras.

¿Qué llamado cree usted que el Papa León XIV hace a la Iglesia de América Latina?

Nos está invitando a soñar en grande. A recuperar la mística misionera. A dejar de ser una Iglesia autorreferencial y a volver a las fuentes del Evangelio: la compasión, la entrega, la apertura, la alegría. Y lo hace no desde la teoría, sino desde la experiencia. León XIV ha vivido entre nosotros, ha compartido la vida de nuestras comunidades, ha conocido nuestros desafíos. Y ahora, como Sucesor de Pedro, tiene la autoridad moral y pastoral para recordarnos que la Iglesia es más creíble cuando se hace pobre con los pobres, cuando sirve con ternura y cuando camina con el pueblo.

 

Desde la Provincia Eudista Minuto de Dios, nos unimos en oración por el ministerio del Papa León XIV. Que el Espíritu Santo lo fortalezca en su misión, y que su testimonio de universalidad, misericordia y fidelidad al Evangelio inspire a toda la Iglesia a caminar con alegría, con valentía y con corazón misionero.

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